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_cCo-BoBEC
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100 _aGarcía Pérez, Guillermo
_eautor
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245 _aLa estrucción de las imágenes /
_cGuillermo García Pérez
260 _aMéxico:
_bCineteca Nacional,
_bConsejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA,
_c2014
300 _apáginas 20-23
520 _anternet se ha convertido en la principal plataforma de distribución de los videos musicales. Así, esta forma híbrida se ha sumado a la gran acumulación de imágenes en línea, y sirve como punto de partida para reflexionar sobre ese fenómeno. Perdido entre su amplia obra, el ensayo “De la strucción” de Jean-Luc Nancy (publicado originalmente en Dans quel monde vivons-nous?, y reeditado en español en el volumen Archivida: Del sintiente y del sentido) representa un hiato en los presupuestos y acercamientos contemporáneos a la técnica y la tecnología. No hay en él ese ánimo catastrofista, casi histérico, de algunos de sus pares cuando reflexionan sobre las innovaciones tecnológicas, sino una especie de recorrido cauteloso por sus principales características. Hay, además, como en toda la obra del francés, cierta liviandad que, en este contexto, resulta radical. Es importante detenerse con calma, como si se homenajeara al autor, en esa palabra extraña, strucción (que, en adelante, por motivos fonológicos, llamaremos estrucción) debido a las extensas posibilidades de análisis que abre a su paso –incluidas las de la imagen. Nancy establece una primera definición: «Las técnicas de las artes –es decir, las técnicas en tanto “artes” o disfrute de los fines en sí, de formas que valen por sí mismas– pueden llegar a ser a la vez una referencia obligada de toda relación con los fines (todo tiene que ser puesto en imagen, en sonido, en ritmo, hipostasiarlo todo en una mostración: los cuerpos, los productos, los lugares) y el dominio privilegiado de una interrogación sobre la finalidad (¿por qué el arte?, ¿para qué?) que se convierten en recelo de identidad (¿qué es el arte?, ¿al servicio de qué opera éste?)». Y complementa, sin señal alguna de abatimiento: «Se podría decir que la técnica y el nihilismo van de la mano: allí donde antes se representaba más bien una destitución de fines (valores, ideales) se presenta más bien su multiplicación indefinida al mismo tiempo que su equivalencia y sustituibilidad». Hay aquí una estrategia nominal múltiple: la del arte como cosa ex-puesta, puesta por delante, mostrada por definición; la de la multiplicación indefinida de las mismas por gracia de la técnica; y la de la mundanalidad resultante, es decir, la acumulación de imágenes u objetos sin cualidad trascendente. La equivalencia y la sustituibilidad remiten al vínculo, señalado por Nancy en La verdad de la democracia, de la moneda y la forma-mercancía, es decir, del núcleo del capitalismo, con la democracia contemporánea. Aboga, por tanto, por «una nueva inequivalencia» (o por una singularidad incomparable de los valores, para decirlo en términos nietzscheanos). Será necesaria entonces, digámoslo pronto, una inequivalencia de la imagen expuesta, multiplicada y mundanalizada. Poco importa si la imagen es fotográfica, cinematográfica o videográfica, su sitio o, mejor dicho, su situación le permitirá establecer distancias y cercanías con el resto, infinito, de elementos a su alrededor: imágenes, ritmos, sonidos. «Struo», precisa el filósofo, «significa arrumar, amontonar.
546 _aTexto en español
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