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100 _aBonfil, Carlos
_eautor
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245 _aPerfil. Xavier Dolan:
_bLos amores contrariados /
_cCarlos Bonfil
260 _aMéxico:
_bCineteca Nacional,
_bConsejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA,
_c2014
300 _apáginas 8-11
520 _aApenas llegó a México el trabajo de Xavier Dolan, cineasta de Quebec, ególatra y amante de la gran cultura francesa, además de profundo conocedor de la historia del cine, con la que dialoga concienzudamente. Vale mucho la pena detenerse en él. A principios de los años noventa, en especial entre 1990 y 1992, irrumpe en la escena internacional el llamado cine queer (extraño, bizarro, raro), una ruptura artística significativa con lo que hasta entonces se conocía simplemente como cine lésbico-gay. Diversos artistas anglosajones (Derek Jarman, Tom Kalin, Gus Van Sant, Todd Haynes, Gregg Araki, entre otros) coinciden en cuestionar, cada uno a su manera, las convenciones narrativas de la representación de la marginalidad sexual en el cine. Las características de la nueva corriente estética las señala la investigadora Barbara Mennel1, y tienen que ver con un amplio abanico de propuestas temáticas y artísticas que la distinguen del cine gay centrado en la identidad, la salida del clóset, la discriminación social y la búsqueda de la aceptación. El nuevo cine, vinculado también a la teoría queer y a la deconstrucción de género, elige deliberadamente la “imperfección” estética, privilegia la fotografía en blanco y negro, la relectura histórica a través del pastiche y la dislocación del discurso narrativo, prolongando así algunas de las experimentaciones formales de los cineastas precursores en ese terreno: Kenneth Anger, Andy Warhol o John Waters. En el ámbito europeo se advierte la crónica puntual o la reinterpretación histórica de las disidencias sexuales (Rainer W. Fassbinder, Neil Jordan, Sally Potter) o la opción de una estilización estética posmoderna (Rosa von Praunheim, Pedro Almodóvar, François Ozon) tributaria del gusto por el kitsch y la parodia. Este impulso del cine independiente coincide con la novedosa recepción en el cine comercial de cuestionamientos más abiertos de la discriminación social y sus vínculos con el racismo y la homofobia a partir de una película emblemática, Filadelfia (Philadelphia, Jonathan Demme, 1993), y con el hecho, a partir de entonces más tolerado, de ver a estrellas hollywoodenses heterosexuales interpretar a personajes gay sin padecer el desprestigio personal o un estigma profesional antes inevitable. Una década después, la familiarización del gran público con la temática de la ahora llamada diversidad sexual es tan amplia que Secreto en la montaña (Brokeback Mountain, Ang Lee, 2005), película con clara temática gay y estrechamente vinculada al género tradicional del western, conquista un gran reconocimiento comercial y artístico. La línea divisoria entre cine lésbico-gay y cine queer se difumina cada día más y la cartelera mainstream admite sin reservas películas sobre gays y transexuales que antes habrían quedado discretamente relegadas a las salas de arte o a las funciones de medianoche.
546 _aTexto en español
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