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100 _aBarajas, Roberto
_eautor
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245 _aSobre la institución del Estado y la maquinidad soberana del cine /
_cRoberto Barajas
260 _aMéxico:
_bCineteca Nacional,
_bConsejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA,
_c2014
300 _apáginas 12-16
520 _a¿En qué se parecen el Estado y el cine? Claramente, en que son constructos artificiales que inventan un orden interno. Institución de un Estado soberano: según el Leviatán de Hobbes En la segunda parte del Leviatán, en el capítulo XVII, titulado “De las causas, generación y definición de un Estado”, Hobbes nos muestra su filosófica política como instauración de la monarquía basada en la metáfora del monstruo de traza bíblica, donde el cuerpo se componía de todos los individuos que conforman el futuro Estado, y a la cabeza se encontraba la figura privilegiada del monarca como soberano absoluto. Pero antes, en el capítulo XV, explica la importancia de la frase: «No hagas a otro lo que no querrías que te hicieran a ti». Él hablaba de la necesidad de aprender ciertas leyes de la naturaleza, ubicando las acciones ajenas en las propias con el objeto de que nuestras pasiones y el egoísmo no pudieran añadir nada a la ponderación de nuestros actos, beneficiándonos así con el resultado de leyes razonables y justas. El Estado como prótesis e imitación del modelo divino: Para introducir este contexto histórico a la naturaleza estética del cine como máquinaprótesis, capaz de generar su propio movimiento y una versión alterna de la naturaleza, vale la pena retomar el inicio de la introducción del Leviatán. El cine y el surgimiento de un nuevo orden estético: Regresemos a finales del siglo XIX con el nacimiento del cine y todo este antecedente de la Revolución Industrial, la invención del reloj como maquinaria de medición del tiempo y la duración. La película de los hermanos Lumière Llegada del tren (L’arrivée d’un train en gare de La Ciotat, 1895), consolida uno de los acontecimientos más importantes de la modernidad en el arte. Cierta o no, la versión de que los asistentes se dispersaran asustados de la sala de proyección al presenciar cómo un tren se aproximaba hacia ellos en la imagen proyectada es extraordinaria. Mímesis divina y la maquinidad soberana del cine: Cuando el cine reconstruye el movimiento con cortes inmóviles, rompe con las condiciones de la percepción natural, dice Deleuze, porque tomamos vistas casi instantáneas sobre la realidad que pasa, y como ellas son características de esa realidad, nos basta con ensartarlas a lo largo de un devenir abstracto, uniforme, invisible, situado al fondo del aparato del conocimiento. Y si entendemos bien esta abstracción del tiempo sugerido por el cine, la tesis deleuzeana apunta que cuando pensamos el devenir, o intentamos expresarlo, incluso percibirlo, accionamos una especie de cinematógrafo interior.
546 _aTexto en español
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