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022 _a2007-3895
040 _aCo-BoBEC
_bspa
_cCo-BoBEC
041 _aspa
100 _aPohlenz, Ricardo
_eautor
_931625
245 _aUna conversación imaginada a propósito del Fausto de Aleksándr Sokúrov /
_cRicardo Pohlenz
260 _aMéxico:
_bCineteca Nacional,
_bConsejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA,
_c2013
300 _apáginas 14-19
520 _aEl autor de este texto especula sobre posibles conversaciones entre Aleksándr Sokúrov y Andréi Tarkovski que podrían haber inspirado o influido al primero. Al fondo está la cuestión del tiempo, del tiempo metafísico y del tiempo histórico. Cuando me pregunto cómo fueron, cómo pudieron ser, las cosas (y con esto, quiero decir casi siempre cierto momento o acontecimiento) quedo tentado a imaginarlas, a intuirlas; engañado por su posibilidad, les invento un escenario, garabateo unas cuantas líneas sobre lo que dicen y lo que no. Es algo inasible hasta que lo escribo, entonces es sólo eso: lo que pudieron haber o no haber dicho, lo que pudieron hacer en un momento o el siguiente. Se trata de aprehender el tiempo muerto. Esto incluye asentimientos, pequeños sorbos de té, una mirada que se evade hacia la ventana o a la calle. La amistad que compartieron Aleksándr Sokúrov y Andréi Tarkovski es un guión en el que puedo acotar silencio tras silencio. Puedo inventarles un escenario y el siguiente –un campo contracampo unido por una línea telefónica, una salita en aparador con samovar– para sus conversaciones. Eran los años sesenta, Sokúrov tenía veintitantos y Tarkovski era Tarkovski. El espejo (Zérkalo, 1974) había recorrido el circuito de festivales para sentar un precedente en términos de narrativa cinematográfica. Es decir, había roto de manera tajante con los vehículos convencionales de narrativa visual para abrirse paso hacia una experiencia sensual, por decirle de algún modo (táctil, por decirle de otro) de las imágenes; o lo que era peor, había cerrado un proceso, seducido por esa animosidad incansable entre sueño e imagen, entre ilusión y realidad, intuida siempre en el cine (explotada mucho más acá de los Montes Urales por Orson Welles y Alfred Hitchcock). Puedo suponer que Tarkovski dejara escapar algún comentario enigmático sobre el clima, mientras uno y el otro guardan casi silencio frente a la invisibilidad de su interlocutor en la otra línea, frente a todo lo que puede decirse sin mediar palabras, uno frente a otro al lado del samovar; uno convertido en santo; el otro, un pupilo dispuesto a no ser demasiado imprudente.
546 _aTexto en español
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600 0 _aSokúrov, Aleksándr
_d1951-
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600 0 _aTarkovski, Andrei Arsénievich
_d1932 - 1986
_eDirector
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_gNo. 5 (verano, 2013)
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