| 000 | 03360naa2a22003371i 4500 | ||
|---|---|---|---|
| 001 | 12969 | ||
| 003 | OSt | ||
| 005 | 20171108160400.0 | ||
| 008 | 151103s2011 xx gr 000 0 und d | ||
| 022 | _a1887-7494 | ||
| 040 |
_aCo-BoBEC _bspa _cCo-BoBEC |
||
| 041 | _aspa | ||
| 100 |
_aRosenbaum, Jonathan _eautor _910329 |
||
| 245 |
_aHistoria malentendida, emoción desplazada / _cJonathan Rosenbaum ; traducción. Carlos Reviriego |
||
| 260 |
_aMadrid : _bCaiman Ediciones, _c2011 |
||
| 300 | _apágina 29 | ||
| 520 | _aTodos tenemos diferentes prejuicios y umbrales de interpretación cuando se trata de formular nuestras respectivas percepciones de la historia. Leyendo recientemente el nuevo libro de J. Hoberman, An Army of Phantoms: American Movies and the Making of the Cold War , que sobre todo me ha parecido una lectura pertinentemente ideológica del Hollywood de principios de los años cincuenta, he sentido un fuerte shock al leer sus interpretaciones de dos largometrajes de 1950, The Next Voice You Hear, de William Wellman (un extrañísimo drama en torno a una familia en los suburbios donde Dios se dirige al mundo por la radio), y El crepúsculo de los dioses , de Billy Wilder. En ambos casos, estas interpretaciones tienen lugar bajo la asunción de que tanto los estudios de Hollywood de 1950 como sus espectadores estaban preocupados con la televisión: “The Next Voice You Hear es del año 1950 pero no transcurre en él: los Smith [la arquetípica familia central de la película] no poseen una televisión porque, como Dios, la televisión no puede mostrarse en la pantalla ”. Y El crepúsculo de los dioses “ sustituye la actual crisis de Hollywood [por ejemplo, la irrupción de la televisión] por la crisis tecnológica de veinte años atrás, la provocada por la irrupción del sonido ”.Hoberman es cinco años menor que yo, así que solo tenía dos años de edad cuando se estrenaron estas películas, y vio por primera vez The Next Voice You Hear en 1970, en la televisión. Yo la vi con mi familia, en el Radio City Music Hall de Nueva York, el verano en que se estrenó, y estoy seguro de que por entonces no estábamos ni remotamente pensando en la televisión. En 1950, la radio y el cine eran los únicos medios relevantes, y ambos parecía que iban a durar para siempre. Como mucho, la televisión estaba en la parte de atrás de las mentes de un par de estudios y de familias que por entonces ya habían adquirido su primer televisor. Pero parece que la gente que ya creció con la televisión encuentra difícil imaginar una cultura pretelevisiva. | ||
| 546 | _aTexto en español | ||
| 600 | 0 |
_ajamgz2017-08 _929229 |
|
| 650 | 1 | 4 |
_aCine _vRevistas _zEspaña _926165 |
| 650 | 1 | 4 |
_aCine _vRevistas _zMadrid _926166 |
| 650 | 2 | 4 |
_aPublicaciones Seriadas _zEspaña _926167 |
| 650 | 2 | 4 |
_aPublicaciones Seriadas _zMadrid _926168 |
| 650 | 2 | 4 |
_aCritica cinematográfica _xRevista _zEspaña _927984 |
| 650 | 2 | 4 |
_aCritica cinematográfica _xRevista _zMadrid _927985 |
| 650 | 2 | 4 |
_aCritica cinematográfica _xPublicaciones Seriadas _zEspaña _927986 |
| 650 | 2 | 4 |
_aCritica cinematográfica _xPublicaciones Seriadas _zMadrid _927987 |
| 653 | _aCahiers du cinema: España No. 48 | ||
| 773 | 0 |
_tCahiers du cinema: España _gNo. 48 (septiembre, 2011) _oEl árbol de la vida |
|
| 942 |
_2ddc _cCR |
||
| 999 |
_c86501 _d86501 |
||