000 03932naa2a22002771i 4500
001 12487
003 OSt
005 20161228153747.0
008 150810s2015 xx gr 000 0 und d
022 _a0121-3776
040 _aCo-BoBEC
_bspa
_cCo-BoBEC
041 _aspa
245 1 0 _aEditorial:
_bLa leyenda de los indomables
260 _aMedellín :
_bCentro Colombo Americano,
_c2015
300 _apágina 3
520 _aLa multitud era densa y algún policía pensó que debía investigar. Él preguntó: ‘¿Es esta una manifestación?’. Alguien respondió: ‘No es una manifestación, es una revolución en la cinematografía’. –Anaïs Nin, Diario, IV. 1944-1947 Luego de consagrar el primer cuadernillo digital de este año –exclusivo para los suscriptores de Kinetoscopio– al centenario del nacimiento de Orson Welles, decidimos dedicar la revista 110 a explorar su legado, esto es, a visitar la vida y la obra de diez directores norteamericanos que decidieron emprender la difícil senda de la independencia creativa y económica tal como Welles lo había hecho previamente. Ellos fueron y son también mavericks: indomables, intransigentes, irreductibles, incapaces de vender su espíritu libre y por ello sometidos también a presiones, marginalidad y escasas ventanas de exhibición. Nada de eso parece importarles a la hora de hacer su cine, que por ende cobra mayor valor e interés. Nos circunscribimos a autores norteamericanos posteriores a Welles, para cerrar el espectro sobre aquellos sometidos al mismo tipo de censura y al mismo esquema de producción, pues en Europa las condiciones de trabajo han sido diferentes a este respecto. Es obvio que cada uno de estos directores asumió retos personales y profesionales diferentes, pero todos tuvieron que obrar en los márgenes de Hollywood. Algunos –como Huston, Ray, Altman o Woody Allen– han trabajado también dentro del sistema, pero la mayoría de las veces lo han hecho desde la orilla, dependiendo de productores extranjeros, de pequeños capitales reunidos a propósito para financiarlos, cuando no han tenido que irse a Europa a pedir directamente ayuda allá. De acuerdo a Paul Monaco, editor del volumen dedicado a los años sesenta dentro de la obra History of the American Cinema, “Para 1958, la mitad de los largometrajes producidos en Estados Unidos eran independientes. Dos años más tarde, dos tercios de los filmes producidos en el país se atribuyeron a 165 productoras diferentes”. Terminaba el sistema de estudios imperante durante décadas y los realizadores podían sacudirse de las ataduras impuestas a su creatividad; por eso surgieron Bonnie and Clyde (1967), Easy Rider (1969) o La pandilla salvaje (1969) y por eso aparecieron los directores del “nuevo Hollywood” –Rafelson, Friedkin, Penn, Bogdanovich, Scorsese–. Otros sencillamente no encajaban tampoco allí y por eso siguieron haciendo su cine tan independientes como siempre. Vinieron luego los blockbusters de mediados de los años setenta, la industria despertó de su breve letargo y de nuevo engulló a los que no estaban en sus filas. Nuestros mavericks, sin embargo, tampoco se perturbaron: los vaivenes del sistema no les preocupan. Es más, Jim Jarmusch estrenó Stranger than Paradise en 1984 y Gus Van Sant hizo Mala noche en 1986. Ah sí, en Hollywood se presentaba Terminator (1984). Por eso hay que agradecer que existan caraduras tan osados como los directores a los que les dedicamos esta Kinetoscopio. El editor
546 _aTexto en español
600 0 _ajamgz4
_924693
650 _aCine
_vRevistas
_zColombia
_922704
650 _aCine
_vRevistas
_zMedellín
_922707
650 _aPublicaciones seriadas
_zColombia
_922705
650 _aPublicaciones seriadas
_zMedellín
_922708
653 _aKinetoscopio 110
773 0 _tKinetoscopio
_gNo. 110 (abril - junio, 2015)
_oLa leyenda de los indomables
942 _cCR
999 _c84958
_d84958