El poder islámico y el poder de la imagen / Mamad Haghighat
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ArtículoIdioma: Español Detalles de publicación: Madrid : Caiman Ediciones, 2011Descripción: páginas 30-31ISSN: - 1887-7494
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En: Cahiers du cinema: España No. 44 (abril, 2011)Resumen: El actual y autócrata régimen iraní se siente amenazado por las creaciones libres de los cineastas y de las imágenes, a los que responde con dictatorial represión.
El cine llegó a Irán en 1900. Desde la apertura de las primeras salas de cine en Teherán, en 1904, los religiosos manifestaron su oposición e incluso incendiaron una de ellas. Los mulás consideraban que el cine, símbolo del Occidente ateo y lugar de reunión popular, en competencia con la mezquita, era una amenaza directa a su poder. Pese a todo, entre 1930 y 1979, se produjeron unas 1.100 películas de ficción difundidas en 420 salas. Pero, con la llegada al poder del ayatolá Jomeini, se produjo una extraña inversión. El nuevo régimen toma el control de todo y confisca la imagen. Su propia representación pasa a ser omnipresente en la televisión, en los periódicos, en los murales, en las salas de cine. El séptimo arte, así bendecido y purificado, se volvió legítimo. Sin embargo, el cine extranjero, en contradicción con los valores islámicos, fue prohibido. Así que la producción iraní carecía de rivales en el territorio nacional. Desde su exilio en Francia, el ayatolá Jomeini había tomado conciencia del papel de la imagen como instrumento eficaz de propaganda política. A su regreso a Teherán, desde el primer año de la revolución, todos los órganos del Estado se ponen al servicio de este arte a fin de crear “un cine islámico” que vaya por “el buen camino”. Paralelamente, otro cine, que se situaba en la tradición de las películas de calidad anteriores a 1979, nace en medio del dolor. Debido a una censura implacable, algunos cineastas crean un lenguaje que evita las prohibiciones y que se inspira en la realidad cotidiana (ficciones documentales) y en la poesía persa. Acabarán imponiéndose gracias a su nueva frescura y a su mirada inocente.Los jefes de filas de este nuevo cine fueron Amir Naderi con Dawandeh (1985), y Abbas Kiarostami con ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1988)
GRAN ANGULAR: Imágenes en la revolución
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