Nuevas visiones, nuevas energías... /
Helena Lindblad ; traducción: Bjorn San Pedro Johansson
- Madrid : Caiman Ediciones, 2011
- páginas 6-10
El cine sueco contemporáneo ha conquistado en los últimos años una notable proyección fuera de sus fronteras y actualmente está en boca de todos.
Hace tres o cuatro años el Instituto de Cine Sueco imprimió para el Festival de Cannes unas camisetas negras en las que se leía “ Swedish flm is here” (el cine sueco está aquí). La idea, lógicamente, era dirigir la atención hacia el norte, donde la industria cinematográfica sueca intenta que productoras, directores de festivales y críticos se dejen seducir por nuestro arte. Por aquel entonces, varios críticos y periodistas especializados suecos hicieron gran burla de la idea, en un año en el que prácticamente no participaba ninguna cinta sueca en el festival. Pero lo que entonces daba pie a la ironía es hoy una realidad. El cine sueco ha adquirido una nueva dimensión fuera de sus fronteras y está hoy en día en boca de todos. Largometrajes, cortos y documentales cabalgan de aquí para allá invitados en un gran número de festivales pequeños y grandes. Bien es cierto que no es habitual ver cintas suecas compitiendo en las secciones oficiales de los mejores festivales europeos. En los últimos veinte años pueden contarse con los dedos de la mano: Infiel (Trolösa), de Liv Ullmann, y Sånger från andra våningen (Songs From the Second Floor), de Roy Andersson, concursaron en Cannes en 2000; Om jag vänder mig om (Daybreak), de Björn Runge, compitió en Berlín en 2004 y, por último, Mamut (Mammoth), de Lukas Moodysson, lo hizo en 2009 en el mismo festival. Eso es todo. Ahora bien, en 2010 el cine sueco fue galardonado en 170 ocasiones en diferentes festivales. El motivo de esta metamorfosis es bien simple: el cambio generacional. Muchos de los directores suecos que recorren hoy el mundo con su cine son jóvenes nacidos, como muy tarde, en la década de los años setenta. Si tomamos, por ejemplo, la presencia de películas suecas en la Seminci de Valladolid, vemos que entre todas las cintas solo hay dos directores veteranos: Björn Runge con su melodrama coral Happy End y una road movie de Richard Hobert: En enkel till Antibes (A One-way to Antibes).
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-09
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