Una causa común perfectamente comprensible /
Olaf Möller ; traducción: Renate Bocklenberg
- Madrid : Caiman Ediciones, 2010
- páginas 9-11
En un principio se tenía una visión perfectamente clara y general de lo que más tarde recibiría el nombre de Escuela de Berlín. Cuando el Festival de Colonia 813 presentó, en noviembre de 1996, una panorámica centrada en los trabajos relacionados con la DFFB (Academia Alemana de Cine y Televisión de Berlín), entre los que figuraron las películas con las que debutaron Thomas Arslan (Mach die Musik leiser, 1993) y Christian Petzold (Pilotinnen, 1995), los organizadores del programa hablaron de “Jóvenes películas alemanas”. En aquel momento no podía preverse en modo alguno que Arslan y Petzold llegarían a ser figuras estelares, aunque se confiase en ello.
Si ésta fue realmente la primera presentación de la Escuela de Berlín es algo inseguro y tan poco importante como saber quién acuñó la denominación. Lo único importante es que la designación vino del exterior, siendo aceptada de mejor o peor grado por los directores. Algunos entendieron muy bien el sentido estratégico de una marca de este tipo, mientras que otros temieron que su cine pudiese quedar subordinado a un encasillamiento poco beneficioso, y lo cierto es que ambos tienen algo de razón. Esto no quiere decir que no existieran conexiones tempranas entre los directores que constituyen el núcleo de la Escuela de Berlín con sus dos estratos (la DFFB y la Asociación Revolver, con Romuald Karmakar –del que raras veces se discute dentro de este contexto– actuando como una especie de bisagra), pero es verdad que la marca “Escuela de Berlín” se configuró de forma confusa, pues el concepto no hace referencia a un contexto creativo y vital, sino a una serie de pautas artísticas vagas, una especie de cajón de sastre cinematográfico. En la actualidad, cualquiera puede formar parte de la Escuela de Berlín siempre que realice un determinado tipo de películas. La etiqueta ha pasado, entretanto, de ser una marca a convertirse en un género del cine alemán actual: quien desea posicionarse bien, debuta con un trabajo de la Escuela de Berlín, lo que le garantiza un determinado interés básico; todo lo demás se irá mostrando más tarde. Anteriormente se presentaba como primer trabajo una película de terror (aunque no en la RDA, naturalmente), mientras que ahora se demuestra madurez con un ejercicio de realismo y rigorismo que se asemeja a determinados formatos de cine de Argentina, Irán, Japón, EE UU o, recientemente, según los predicadores del cine mundial, de Rumanía.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-09
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