GRAN ANGULAR: San Sebastián 2011 - Madrid : Caiman Ediciones, 2011 - páginas 19-27

No carecía de razón Isaki Lacuesta cuando, al recibir la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, advertía que un certamen cinematográfico no podía equipararse a una carrera de caballos en lo que ésta tiene de competición, dada la heterogeneidad de los concursantes y la supuesta artisticidad objeto de evaluación. Pero asumido ese perverso juego de la competitividad, todo es posible; y con ello se juega también la suerte de cada nueva edición de un certamen de la importancia del festival donostiarra, situado justo en el plano inferior respecto a los monstruos de Cannes y Venecia. Porque, ¿cómo se puede valorar el alcance de una nueva edición? ¿Acaso por el número de “obras maestras” que haya sido capaz de detectar y revelar? ¿O simplemente en función de presentar un puñado de buenas películas? Claro que en el transcurso de las jornadas del festival aparecen también otras preguntas más incómodas, del tipo: ¿qué hace este film en un festival de prestigio? Sobre estas cuestiones puede girar la reflexión abierta en torno a la que ha sido la primera edición del festival liderada por José Luis Rebordinos. Aquellos que, taumatúrgicamente, creen que el relevo de nombres implica ya una transformación radical habrán quedado insatisfechos; pero no olvidemos dos aspectos esenciales: los cambios –si son trascendentes y no meramente epidérmicos– requieren su tiempo; y el nuevo director estaba ya seriamente implicado en el equipo anterior, de la misma manera que solo pequeños retoques han afectado al núcleo esencial que asume la línea de contenidos del festival, en lo que respecta a la determinación de ciclos, publicaciones y selección de títulos a exhibir durante sus nueve días. Y entre estos últimos, muy especialmente, los integrantes de la Sección Oficial a concurso, el ámbito en el que se juega siempre la suerte de cada edición. Una suerte, por otra parte, a la que coadyuva –para bien o para mal– el jurado escogido. Muchas veces se olvida que, de la misma forma que la selección de títulos inéditos para la sección oficial compite con otros certámenes de mayor alcance, la selección que conduce a la compleja composición del jurado está sujeta también a numerosos impedimentos que muchas veces acaba perjudicando al equilibrio deseado. Renovación y diversidad / José Enrique Monterde. páginas 20-22. Desde hace algún tiempo, la sección Zabaltegi - Nuevos Directores de San Sebastián se hace cada vez más importante para sus organizadores. Sin embargo, la incorporación al certamen de algunos nuevos miembros del comité de selección hace pocos años, y la llegada a la dirección de José Luis Rebordinos en esta edición, parecen haber provocado un verdadero estallido de nuevas propuestas cuyo número desborda la sección y se reparte en otras, para certificar que en el mundo del cine aún queda la esperanza de la novedad, surja o no de los debutantes. En este sentido, las primeras o segundas películas han coincidido en un gran tema con determinados experimentos de los más veteranos: el retorno a la exploración de un cierto fuera de campo narrativo que tiene que ver con los orígenes de aquello que se cuenta, un concepto de lo familiar a medio camino entre la tradición y su puesta en duda. Por ello, entre Sentados frente al fuego, del chileno Alejandro Fernández Almendras, y el estreno en Europa de
George Harrison: Living in the Material World, de Martin Scorsese, el parentesco es evidente, pues en ambas se abren nuevas vías que tienen que ver tanto con la indagación en otros territorios como con la certeza de que éstos siempre nos remitirán al off de un pasado genealógico que no aparece en pantalla. Zabaltegi: Hablar desde los márgenes /
Carlos Losilla y Àngel Quintana. páginas 24-25. La apuesta por el cine español ha adquirido este año características especiales en San Sebastián, pues –aparte de las secciones Made in Spain y Zinemira– el festival ha proyectado un total de quince películas: cuatro en Sección Oficial, tres en Zabaltegi y siete en otras sesiones. Y de esta manera ha salido a la superficie una diversidad regional y lingüística que pone en crisis la centralidad y demuestra que existe una diversificación de los focos de producción, de los modelos genéricos y lingüísticos e incluso de la cuestión generacional o industrial. Lo que importa es saber si esas películas abren nuevos caminos y tejen un auténtico cine del futuro. Pues bien, Donostia nos ha facilitado las herramientas adecuadas para poner en marcha ese debate. Y no debemos despreciar su ofrecimiento, pues ésa es la misión de un festival de cine: atisbar el estado de la cuestión. Interioridades del cine español /
Carlos Losilla y Àngel Quintana. página 26. Digámoslo bien clarito: el reto de asumir la dirección del Festival de San Sebastián en medio de una virulenta crisis económica, cuando los patrocinadores se repliegan a la defensiva, cuando el interés que generaba el certamen de cara a la industria internacional chocaba con fuertes barreras y cuando los recelos de la industria española hacia la muestra donostiarra arreciaban con fuerza, no era precisamente un plato de gusto y tampoco suponía un desafío que estuviera al alcance de cualquiera. Hacía falta mucha energía, muchas ideas claras, mucho trabajo de cocina y mucha pedagogía para explicar hacia dónde se quiere caminar y qué filosofía se quiere desarrollar. Y al menos algunos kilos de toda esta carne ha debido poner en el asador José Luis Rebordinos para empezar a inyectar vitaminas al festival. Vitaminas que han empezado ya a revitalizar el encuentro (se ha recuperado un 25% del público que se perdió el año pasado; la presencia de la industria acreditada ha crecido un 7,2%, con un incremento del 17% en las visitas al Industry Club y del 59% en los visionados; el aumento de los espectadores jóvenes ha sido evidente y se ha abierto el certamen a la colaboración con otros festivales), si bien ésta ha sido, de forma inevitable, una edición de transición y con escaso margen aún para innovar en lo poco que se podía, dadas las obvias limitaciones de presupuesto con la que el equipo ha tenido que lidiar. La nueva y vitaminada hemoglobina se ha hecho notar, a su vez, en la arriesgada y meritoria apuesta que ha supuesto el ciclo ‘Sombras digitales. Cine chino de última generación’, una auténtica retrospectiva digna de un festival ‘A’, por lo que supone de recopilar y categorizar algunas de las más jóvenes y estimulantes tendencias de una cinematografía tan lejana y desconocida. Pero también en la muy potente selección de ‘Perlas’, en la que se congregaban muchas de las películas realmente imprescindibles de este año, y en la buena cosecha de Zabaltegi, donde se ha podido ver lo que Losilla y Quintana llaman “un verdadero estallido de nuevas propuestas”, fruto sin duda de unos cri-terios de selección más exigentes y modernos. Inyección de vitaminas /
Carlos F. Heredero. página 27.

La 59 edición del Festival de San Sebastián, la primera dirigida por José Luis Rebordinos, se ha cerrado con el triunfo rotundo de una película española (Los pasos dobles) y con las luces de esperanza que muestran algunos síntomas de renovación y de vitalidad que deben contribuir a relanzar el certamen en próximas ediciones. Un encuentro siempre fructífero y plural.


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Cahiers du cinema: España No. 49