El nuevo mundo, de Terrence Malick : costas de Virginia, 1607
- 2006
- p. 118-119
Son palabras sencillas, profundamente humanas y por ende absolutamente entrañables y cercanas. Relato, viaje interior y confesión a tres voces, El nuevo mundo se mueve despacio, dándonos tiempo de pensar y sobre todo de observar, algo que la velocidad del cine contemporáneo nos ha quitado con su vértigo vacuo. El gran cinematografista mexicano Emmanuel Lubezki -en un momento magnífico de su carrera- captura con propiedad -utilizando casi siempre luz natural- y sensibilidad las imágenes que TerrenceMalick nos regala, buscando un espectador cómplice y sin prisa que capte la fascinación de su belleza y su poesía y se deje arrastrar por esas imágenes, sin importar que no sean narrativas, que sus elipsis temporales -puntualizadas con fundido a negro- nos lleven un minuto, una hora, un día o un año hacia adelante, sin que sepamos con claridad cuánto tiempo ha transcurrido.
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