Echeverry, Jorge

Unas horas de carretera - 1986 - p. 7-8

Recostado contra la pegajosa sabana que nunca ha sido cambiada, cierro los ojos para oir el paso de otro cuarto de hora anunciado por el cercano campanario, una mosca empieza a golpearse contra la ventana y el zumbido es intolerable: aprieto lso puños y levantándome, rompo uno de los vidrios. Pago la habitación, guardo las hojas y la máquina de escribir en el morral y salgo a la calle que estás saturada de gente: alquilo un carro. Después de tres horas esa ciudad ha desaparecido y por un camino destapado llego a una casa abandonada. Hace calor y el aire está lleno de insectos. Mirando a través del hueco donde quedaba la puerta, veo brillar al verde que rodea la casa y pienso que no queda ningún litigio de las pasiones que estos muros tuvieron que haber presenciado.


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