Post mortem, de Pablo Larraín : el escribano de la muerte
- 2011
- p. 46-47
La historia claramente muestra el contraste entre Mario y su compañera de trabajo, la misma a quien él en algún momento reprochó su supuesta actitud disipada ante otros hombres. Mientras Mario asume una posición casi cómplice con su silencio y su indolencia ante los muertos que llegan en camiones militares, ella cada vez se siente más perturbada por lo que ocurre y, aunque de forma indirecta, de lo que hace parte. Y esta complicidad a la que estos trabajadores de la morgue, así como tantos chilenos, se vieron obligados o de alguna manera consintieron, tiene su punto inicial en la significativa escena en que los militares los llevan a hacerle la autopsia al mismísimo Salvador Allende.
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