Federico Fellini y Ocho y medio : Todos caben en mi corazón
- 2010
- p. 105-108
En Ginger y Fred (Ginger e Fred, 1985) la última obra maestra de Federico Fellini, el presentador de un espectáculo televisivo le pregunta a un sacerdote por su reputada capacidad de hacer milagros, y le pide que levite ante las cámaras. El curita responde: “No, no, no. El milagro está en todas partes… Lo que sucede es que no sabemos verlo”. Fellini está más presente en esta respuesta que en la burla que hace de la televisión, pero esa presencia suya en una sabiduría tan volátil lo comprende todo. Como Chaplin Fellini nos da cuanto el cine nos puede ofrecer; y aún más: una sacralidad no sólo improbable, sino que apunta hacia lo imposible. Cuando uno oye decir que “el milagro está en todas partes”, no puede sino aceptarlo, pero sin poder concebir ni de lejos la magnitud de tal afirmación. Así, si en Ensayo de orquesta (Prova di orchestra, 1979) un músico se burla de que otro diga: “Lo bello de la vida en su variedad”, porque es como si “apenas se diera cuenta”, en Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963) queda claro que acceder a la aceptación plena de la vida es encontrar la victoria, pero en nuestra derrota.
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