Fuego, de Guillermo Arriaga : quemaduras de segundo grado
- 2010
- p. 91-92
Algo de místico tiene la imagen del fuego. Su llama destruye, vuelve añicos, ilumina y a veces, como si se hablara de metafísica, cuentos chinos o fe que salva, también purifica. A Mariana, este ardor la ha acompañado durante toda su vida, con la explosión de un remolque en medio del desierto a causa de un fallo en la tubería de gas, fresca todavía en su memoria. O la primera pasión, simbolizada con la tímida llama de un encendedor quemando las muñecas de dos enamorados, uniéndose en un acto adolescente en la quemazón de la carne y la sangre hirviendo, con una cicatriz que permanecerá ahí, con la piel encogida, a modo de recuerdo.
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