El azar tenía nombre de langosta judía
- 2009
- p. 30-33
Tómese una fórmula de chiste malo: ¿qué tienen en común un té caliente, una red de nailon y unas langostas frescas? La respuesta, al contrario de lo que insinúan el pequeño escenario, los focos requemados y el micrófono que anticipa con sus silbidos -a juicio del nervioso monologuista- los abucheos del público, no será una calurosa carcajada. Para reírse desin-hibidamente, ya lo saben, siempre habrá una sesión golfa de los hermanos Marx en alguna ciudad del mundo. Pero es posible que todavía un lector esté guardando el arcano de la similitud entre las bebidas de origen oriental, los muros deportivos y el marisco.
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