El buen cine : un escrito de Don Tomás Carrasquilla
- 1994
- p. 107-111
De las escaseces que en estos días hemos soportado, ninguna tan negra como la del cine. !Ya no podemos vivir sin la película! Con el maíz, el alumbrado y el combustible, ella entra en nuestras diarias necesidades. Pero, al fin, el agua santa del cielo y la empresa electricista fueron servidas de volvernos, por las pascuas, el bien precioso, envidia de los dioses. Ya oímos por las tardes esa charanga callejera anunciadora de tanta venturanza, y el corazón se ensancha y regocija con la expectativa de tan dulces emociones, y la multitud acude curiosa antes del toque de ánimas. ¿Cuál será la más grata? La emoción de la economía, seguramente. En efecto: tres actos y “ñapa” de estética por unas lupias, es ganga inaudita en esta tierra de las cosas raras: es un caso para emocionar cualquier corcho. !Y con la esperanza de lograr todo eso por menos!...
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