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GRAN ANGULAR: El niño de la bicicleta

Tipo de material: ArtículoArtículoIdioma: Español Detalles de publicación: Madrid : Caiman Ediciones, 2011Descripción: páginas 6-18ISSN:
  • 1887-7494
Tema(s):
Contenidos:
Dardenne, Balzac, Dickens... / Jonathan Romne ; traducción: Juanma Ruiz. páginas 6-8. Un tópico de los manuales de guion dice que la pregunta capital en cualquier buena película debería ser: “¿Qué quiere el protagonista?”. Para que una historia atrape a la audiencia, el personaje debe tener una meta, y estar dispuesto a hacer lo que sea para alcanzarla. Al menos, ésta es la visión clásica de la narración audiovisual, una teoría basada en la noción de “voluntad”; y es una teoría que, a causa de su hegemonía en Hollywood, en ocasiones se considera inadecuada en el universo del cine artístico. En éste, lo que una persona quiere y hace es a menudo menos importante que el modo en que el mundo actúa sobre ella, centrándose habitualmente en la incapacidad de las personas para controlar su propio destino.Sin embargo, los cineastas belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne han conseguido algo notable: han recuperado de Hollywood la idea de la voluntad, revistiéndola de una energía narrativa que la hace muy distinta de la (a menudo trivial) fuerza del deseo que motiva con frecuencia el cine comercial. Para el dúo belga, la voluntad es algo que impulsa al mundo, y es lo único que permite a sus personajes sobrevivir, incluso cuando parece que un universo hostil está dispuesto a aplastarlos. A veces, esta voluntad, expresada como energía irreductible, es visible en sus películas desde el comienzo. Su nuevo largometraje, El niño de la bicicleta (2011), comienza con el joven héroe Cyril (el extraordinario niño de trece años Thomas Doret) tratando de escapar del orfanato en el que vive. Lo mismo ocurre con el cinético inicio de Rosetta (1999), con la cámara recorriendo los pasillos tras la protagonista, mientras ella protesta furiosamente por la pérdida del trabajo del cual depende. En ambos casos, la cámara en mano llevada por Alain Marcoen no solo observa la acción, sino que se ve envuelta en ella, como el espectador que de pronto se ve involucrado en una pelea de bar
Crítica: El hijo de la peluquera (o cuento de verano) / Eulàlia Iglesias. páginas 10-11. Cyril, el joven protagonista de El niño de la bicicleta, es un personaje prototípico del cine de los hermanos Dardenne. Un adolescente en una situación difícil que muestra una testaruda determinación a prueba de todo para conseguir su objetivo. En su caso, reencontrarse con su padre que, tras haberle abandonado en un orfanato, ha desaparecido del mapa. Cyril persigue la pista de su padre de la misma forma que, por ejemplo, Rosetta no se paraba ante nada en su búsqueda de un trabajo. Frente a un futuro que se presenta marcado por la inestabilidad social y emocional, la figura paterna representa para el chico lo mismo que el empleo para Rosetta: el único asidero al que agarrarse para no caer en el pozo sin fondo de la desesperación. Hasta que en una de sus huidas del centro, Cyril acaba abrazado, literal y accidentalmente, a otra persona, una peluquera que acepta la responsabilidad de acoger al niño en sus fines de semana.
Bajo el signo de la cruz / Álvaro Arroba. página 12. Ninguno de los imitadores de los Dardenne son capaces de asir el secreto de su prosa epifánica, ni parecen entender que los hermanos son cineastas que, a través de sus obstinados personajes, practican un cine deportista con el fin de adelgazar de miserias a las instituciones (Estado o familia) y de muscularlas responsablemente. Su oficio es su deber como ciudadanos. En El niño de la bicicleta, los Dardenne se muestran más creyentes que nunca: primero en el Estado, aunque sea defectuoso, y después en la inminencia de una bondad cristiana en los corazones, siempre a punto de estallar de amor o de odio hasta conseguir un milagro que venían conjurando hace varias películas. Cuando el gobierno belga aprobó en 2000 la “Ley Rosetta”, que protegía a los adolescentes de percibir menos del salario mínimo por su trabajo, los hermanos –henchidos de eficacia– decidieron, quizá sin saberlo, enmendarle la plana a los blockbusters de acción más imponentes de Hollywood. De hecho, la persecución en moto y a pie de El niño rivaliza con las mejores carreras de Tom Cruise (la presencia que mejor corre de todo el cine) en películas de Steven Spielberg o de Brian DePalma
En busca de la vida / Ángel Quintana y Jara Yañez ; Transcripción y traducción: Rafael Yáñez. páginas 14-18. Los hermanos Luc y Jean-Pierre Dardenne llevan ya muchos años retratando la complejidad oculta bajo la sencillez. A propósito de El niño de la bicicleta ambos recuperan y definen aquí algunas de sus grandes preocupaciones y de los rasgos distintivos que caracterizan su coherente filmografía. Entrevista realizada por teléfono, Madrid-Lieja (Bélgica), el 16 de septiembre de 2011.
En: Cahiers du cinema: España No. 49 (octubre, 2011)Resumen: El niño de la bicicleta, la nueva película de Luc y Jean-Pierre Dardenne, se mantiene fiel a la obra de los cineastas, llena de héroes profundamente humanos y falibles que viven, irremediablemente, en conflicto con una realidad hostil. Las películas de los hermanos Dardenne sugieren una especie de “realidad encontrada”, como si los personajes estuvieran allí antes de que llegara la cámara que los filma. Los hermanos Luc y Jean-Pierre Dardenne llevan ya muchos años retratando la complejidad oculta bajo la sencillez. A propósito de El niño de la bicicleta ambos recuperan y definen aquí algunas de sus grandes preocupaciones y de los rasgos distintivos que caracterizan su coherente filmografía. El desafío de la película, mientras escribíamos el guion, era aplacar la violencia de ese niño abandonado ofreciéndole la posibilidad de volver a ser un niño y de crecer amando la vida. En nuestras películas circulan siempre las mismas preguntas: ¿cómo puede hacer un ser humano para que otro salga de su autismo, de su caparazón?, ¿cómo puede sentirse la necesidad del otro?. El bosque representa, según la mitología de los cuentos de iniciación infantil, el lugar donde el niño corre el riesgo de perderse y descubrir el mal, de convertirse en delincuente.
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