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GRAN ANGULAR: Series de televisión. Estados Unidos

Tipo de material: ArtículoArtículoIdioma: Español Detalles de publicación: Madrid : Caiman Ediciones, 2011Descripción: páginas 6-31ISSN:
  • 1887-7494
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Nueva(s) vida(s) para las series norteamericanas: Amplitud de mira / Carlos Reviriego. páginas 6-8. Si no nos viéramos forzados a echarle de menos, Robert Altman trabajaría ahora para la televisión. El legado cinematográfico del creador de MASH (la película de la que nació una de las series por cable norteamericanas más duraderas de la televisión) se expande en estos tiempos al medio catódico, donde con otras voces y en otros ámbitos ha podido satisfacer sus potenciales y acaso se ha topado con su genuina naturaleza. Pero hoy, al contrario que ayer, esa migración del cine a la televisión no sería contemplada como un movimiento en falso o una suerte de degradación profesional. Al contrario. Scorsese instituye con opulencia su “libro de estilo” y su discurso de violencia y corrupción en la Historia y la psicopatía norteamericanas con la lujosa Boardwalk Empire: el presupuesto del episodio piloto superaba con creces la suma de presupuestos de Malas calles, Taxi Driver, Alicia ya no vive aquí, Jo, qué noche y La última tentación de Cristo. Un verdadero elefante blanco televisivo. A su vez, Spielberg (que con Súper 8 ha convertido en aliado a su mejor y más sofisticado rival, el creador de Perdidos: J. J. Abrams) apadrina tres nuevos proyectos, entre ellos Terra Nova, la gran apuesta de Fox para la próxima temporada. Por su parte, Todd Haynes expande su interés por el melodrama clásico de Hollywood con su versión en miniserie de la novela de James M. Cain Mildred Pierce, que ya llevara Michael Curtiz al cine en 1945. La incorporación de cineastas viene respaldada por estrellas de la interpretación (Steve Buscemi, Kate Winslet...) que también exprimen los tiempos televisivos para componer personajes con una complejidad y diversidad psicológica inalcanzables en la gran pantalla. Los ejemplos son numerosos.
Las series de David Simon: The Wire, The Corner, Treme: El mundo gira / Jean-Philippe Tessé. páginas 10-12. A propósito de The Wire, oímos con frecuencia que es la mejor serie que se haya hecho nunca. Pesados laureles para una serie policíaca que no tiene más ambición que contar lo que sucede en Baltimore (como quien dice, “lo que le pasa a cualquiera”): una ciudad enferma por el crimen, la droga, la corrupción, la miseria social. David Simon concibió su serie como si Frederick Wiseman compusiera una novela. Es decir, mezclando la búsqueda documental, la paciente descripción de los procedimientos (por ejemplo, las formalidades por las que hay que pasar para poner escuchas a los traficantes / las astucias de los traficantes para eludir las escuchas), y una escritura novelesca estilo Émile Zola. En The Wire, la dimensión documental es increíblemente novelesca y la ficción terriblemente realista, la realidad de una tragedia humana se acopla a la monstruosidad artificial de un relato volcánico que produce y devora en un mismo movimiento. Este es el gran logro de la serie, lo que le da una dimensión universal. Baltimore es el mundo, que se desvela como una abertura: creíamos ver por una mirilla cuando estábamos viendo todo, es vertiginoso. Otras dos series creadas por David Simon (que asimismo escribió Homicide, a partir de uno de sus libros, y la miniserie Generation Kill, sobre la guerra en Irak) rodean The Wire y la iluminan, respondiendo a su pesimismo y desolación. La primera, The Corner, basada en un libro escrito por Simon, parece que sin embargo no hace más que hundirse en las entrañas más sórdidas de Baltimore. En seis episodios, describe la pequeña población de yonquis de la ciudad, la misma que vemos arrastrar su miseria al fondo de los planos de The Wire... La otra serie se sitúa, como The Corner, en un renacimiento: Treme nos hace dejar Baltimore por Nueva Orleans, unos meses después del paso del Katrina. Nos volvemos a encontrar con algunos actores (como el carismático Clarke Peters, yonqui destruido por la gangrena en The Corner, sabueso en The Wire, gran jefe indio aquí) y con la viva atracción que siente David Simon por la cultura negra americana. Situada después del drama, la serie presenta otras disposiciones: introducirse en la mezcolanza de lo real, una vez más, pero esta vez para mostrar cómo se reconstruye una ciudad después del diluvio. Treme sorprende por su matiz tendente a la soap opera: aquí es menor la obsesión por aplicar su programa (contar cómo la vida retoma sus derechos) que esa especie de letargo, del que la música, integrada en la ciudad como el asfalto en las calles, forma el tejido sedoso. David Simon se aplica en describir los efectos de la catástrofe y –como algunos, al contrario y contra todo, se empeñan en rebatir– los personajes parecen más bien llevados por un modo de vida al que no quieren renunciar y que practican como si nada hubiera pasado, bailando sobre las carrocerías de coches aún sin retirar cuando hay alguno de los desfiles que ritman la vida cotidiana de Nueva Orleans. La cultura popular y las particularidades locales forman un dique mucho más eficaz que el hormigón que cedió ante el huracán Katrina.
La edad de oro, ¿y después...? / Olivier Joyard. páginas 14-16. Liberadas del más mínimo complejo de inferioridad, ahora las series pueden contarlo todo, mostrarlo todo, sin plantearse la paralizante pregunta acerca de su legitimidad. Un programa vasto y ambicioso apoyado por la imagen-símbolo del año, el ya célebre primer plano final de Perdidos en el que el párpado del protagonista se cierra suavemente, seis años después de abrirse exactamente en la misma posición. Seis años para cerrar el círculo y contar la historia de un ojo, ¿qué mejor emblema de la ficción contemporánea, en lo que puede considerarse como su expresión más exaltada? El globo ocular cortado por una navaja de Un perro andaluz sirvió, en 1929, como manifiesto del cine; el otro ojo, primero eye wide open y luego eye wide shut, personifica la serie moderna. Tiene derecho al descanso eterno después de haber atravesado un océano de visiones. En 121 x 42 minutos, Perdidos, su isla, sus personajes entre la vida y la muerte, pasado y futuro, jungla y cielo, ha evidenciado una importante función del género serie en el régimen general de las imágenes: fabricar un mito y no renunciar nunca a un papel de acelerador de la(s) historia(s). Acelerar, siempre acelerar, hasta un cierto punto ya alcanzado. Porque la conclusión de la creación de J. J. Abrams significaba algo más que la propia serie, puesto que ha cerrado un ciclo de más de diez años que el sentido común exigiría considerar como una edad de oro.
Entrevista Matthew Weiner: La identidad americana / Jean-Sébastien Chauvin y Jean-Philippe Tessé. páginas 18-21. Matthew Weiner, creador de Mad Men, se había formado como guionista en numerosas series de televisión durante los años noventa antes de ser contratado por David Chase como guionista y productor para Los Soprano, en la década siguiente, sobre la base del episodio piloto de Mad Men, que había escrito en sus ratos libres. Tuvo que esperar siete años, sin embargo, antes de poder hacer realidad lo que él mismo llama una mega-movie, de la que controla absolutamente todos los aspectos.
Comicidad catódica americana: Deslizamientos progresivos del humo / Carlos Losilla Alcalde. páginas 22-23. Al inicio del segundo episodio de Curb Your Enthusiasm (HBO, 2000), serie creada y protagonizada por Larry David, un primer plano de la entrepierna del protagonista desvela su obsesión por la flaccidez de su miembro viril. Parece un detalle inane, pero basta comparar esa imagen con los innumerables planos de amigos sentados alrededor de una mesa en su bar favorito para percatarse del cambio experimentado por la sit-com a partir de este siglo. O quizá un poco antes, pues el propio David y Jerry Seinfeld ya habían revolucionado el género con Seinfeld (1989/1998), que definieron como “una serie sobre nada”. Lo más curioso del caso, sin embargo, es que otro de esos artefactos más influyentes de ahora mismo se basa en el esquema alternativo: The Big Bang Theory (CBS, 2007) utiliza la casa, el restaurante y el comedor universitario para reunir a sus protagonistas y ponerlos a hablar entre sí. Esa oposición entre el plano de detalle y el plano de conjunto podría funcionar como metáfora perfecta de la situación de la sit-com más reciente: por un lado, la transgresión de las normas; por otro, la puesta al día de la tradición.
Series norteamericanas de cabecera: reinos de ficción / Varios autores. páginas 24-31. Notas críticas, con sus respectivos autores, de las siguientes series de televisión norteamericanas: Boardwalk empire, Los violentos años veinte, por Eulàlia Iglesias / Beaking bad: El antihéroe honesto, por Carlos Reviriego / Community: Perdedoresy replicantes, por Carlos Losilla / Fringe (al límite): De misterios y muñecas rusas, por Juanma Ruiz / Juego de tronos: Refejos de nuestro mundo, por José Manuel López / Mildred pierce: Avaricia, por Jaime Pena / Mad men: Una metáfora hiperestilizada, por Jara Yáñez / Treme: Un espacio de resistencia, por Gonzalo de Pedro Amatria / The walking dead: Amanecer de los vivos, por Fran Benavente / Weeds: Matriarcas desesperadas, por Jara Fernández
En: Cahiers du cinema: España No. 47 (julio - agosto, 2011)Resumen: Las nuevas ficciones televisivas abren espacios para la creación audiovisual que el cine tradicional, concebido para la gran pantalla, no se atreve a explorar. Convertidas simultáneamente en materia de culto y de consumo, las series expanden el imaginario contemporáneo y crean nuevas redes por las que circulan sus propuestas narrativas. Nuestro dossier recoge sus nuevas tendencias. Abrimos pues de par en par nuestro Gran Angular para empezar a dar cuenta de lo más sugerente que viene sucediendo, en los últimos tiempos, ya no solo en la ficción televisiva norteamericana, sino también en la europea. La oscuridad a la que aludíamos hace año y medio sigue estando ahí fuera, en la creciente pobreza y estandarización de la oferta en las gran-des pantallas, mientras que, en el interior, a cobijo de la intemperie, en las pequeñas pantallas, las luces se multiplican con energía y con vitalidad contagiosas. Y, por el momento, solo hay una ganadora: la libertad creativa y la expansión de nuevos imaginarios. Aprovechémoslo.
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