GRAN ANGULAR:
GRAN ANGULAR: El Havre (Aki Kaurismäki)
- Madrid : Caiman Ediciones, 2011
- páginas 8-25
El universo que pone en escena El Havre tiene reglas fijas, modos de cortesía y convivencia, e incluso una transparencia formal en su manera de retratar a una comunidad capaz de demostrar que la vida siempre tiene arreglo. De la fábula, el modo característico hasta ahora del cine de Kaurismäki, hemos pasado al cuento
Como algunas otras figuras del cine francés anterior a la
Nouvelle Vague, Jacques Becker resucita en un nombre que se pronuncia en El Havre. Sin embargo, no es la primera vez que habita una película de Aki Kaurismäki. En La vida de bohemia (1992), Jean-Pierre Léaud sostenía un cuadro en sus manos y preguntaba: “¿Quién pintó éste? ¿Becker?”, en lo que constituía una extraña manera de citar Los amantes de Monpartnasse (1958), la penúltima película del cineasta francés. En una entrevista concedida a la revista Dirigido por… en 1990, decía Kaurismäki: “Buñuel, Becker, Bresson y Ozu siguen siendo mis preferidos”. Por otro lado, en Juha (1999), el coche del villano ostenta la marca Sierck, el apellido real de Douglas Sirk, inventor del melodrama moderno, tal como lo concibe el propio Kaurismäki. El Refugio / Carlos Losilla Alcalde. páginas. 8-10. Hablando de Nubes pasajeras (1996), Aki Kaurismäki decía que allí había “un 30% de Ozu, 30% de De Sica, 15% de Sirk, 20% de Hopper y 10% de Capra”: un cóctel expresamente irónico y exagerado (pues la suma no cuadra), pero que resultaría igualmente válido para identificar los componentes de
El Havre a condición de añadirle otros porcentajes similares de Jacques Becker, Marcel Carné, Jean Renoir y Jacques Demy (entre algunos otros), de manera que entonces ya la promiscuidad del mestizaje habría terminado por devorar el resultado si el barman encargado del cóctel no fuera en realidad quien es. Porque estamos ante un singular caso de cineasta-síntesis, pero dotado de una inconfundible e insobornable voz propia, capaz de integrar la diversidad de sus asumidas y confesas influencias sin hacer ostentación, de asimilar sin exhibicionismo alguno estilos y registros precedentes, de citar sin merma de la coherencia interior y sin voluntad alguna de subrayar los guiños para complacer a la parroquia, de fusionar y amalgamar sin enredarse en el empeño, sin recursos ortopédicos y sin derivar hacia el pastiche, de fertilizar la coctelera y de imbricar los diferentes ingredientes sin limitarse a superponer-los unos encima de otros. Emociones de contrabando /
Carlos F. Heredero. páginas 12-14. Le Havre era la imposible y desesperada puerta de salida para Jean, el colonial desertor de Quai des brumes (1938), una de las obras maestras del injustamente tratado y olvidado Marcel Carné. Ahora, los tiempos han cambiado y, en el nuevo film de Aki Kaurismäki, Le Havre se convierte en la clandestina puerta de entrada de uno de tantos jóvenes inmigrantes perseguidores del “sueño de Europa”. Para Marcel Carné y Jacques Prévert esa ciudad portuaria cubierta de brumas, reconstruida por A. Trauner en los estudios parisinos, era la materialización de una desesperanza existencial con final trágico. Para Kaurismäki, en cambio, Le Havre ha inspirado un film mucho más trasparente y colorista, donde la esperanza puede concretarse de diferentes maneras: desde la salvaguardia del joven “clandestino” hasta la optimista solución que vive la esposa del protagonista. Resonancias francesas /
José Enrique Monterde Lozoya. páginas 16-17. Intérprete del mismo personaje (Marcel Marx) en La vida de bohemia y en El Havre, André Wilms es un relevante actor francés de cine y de teatro que conoce bien a Kaurismäki. Reproducimos aquí un extracto del texto que escribió para presentar una de sus películas.
Kaurismäki admira a Nicholas Ray y a Buster Keaton, a Jean Renoir, a Jacques Becker, a Robert Bresson y a Jacques Tati. Sus amigos son Samuel Fuller, Jim Jarmusch, Roberto Begnini y Nanni Moretti. Se apoyan y se distribuyen los unos a los otros. En Helsinki, Kaurismäki es dueño de un cine y de una gran cervecería justo al lado. También ha creado un festival en el que proyecta películas raras en un pueblucho más allá del círculo polar (The Midnight Sun Film Festival). Su manera de rodar es muy particular. No tiene horarios ni plan de trabajo. Filma con una cámara de 35 mm que le regaló Ingmar Bergman, quien consideró que, dentro de los países nórdicos, Kaurismäki era el único hombre digno de sucederle. Rueda rápido, con una única toma, a veces dos. Si alguien farfulla, dice: “En la vida también se farfulla”. Solo pide una cosa, que se respete su texto. Escribe unos diálogos bellísimos, aunque resultan un poco raros cuando los lees. Busca siempre el aspecto “keatoniano”, un poco triste e inadaptado, a disgusto con la sociedad. Es una especie de Fassbinder amable, con los mismos excesos alcohólicos. Me recuerda mucho a Michael Grüber, el director de cine. Emplea metáforas poéticas al hablar, levanta o baja el pulgar según quiera que interpretes más, o menos. “Caballero” y “púdico” son dos de sus palabras preferidas. “Se enseña demasiado”, dice. Retrato de Aki Kaurismäki /
André Wilms ; traducción: Rafael Yáñez. página 18. No siempre se tiene ocasión de conversar con Aki Kaurismäki, creador esquivo y solitario, auténtico maverick del cine contemporáneo. Primero lo entrevista Peter von Bagh, conocedor íntimo de su obra y de su personalidad, sin duda el mayor experto mundial en el estudio de su filmografía. Del encuentro entre ambos nace una entrevista clarificadora y sincera. Entrevista 1. Aki. Kaurismäki: Gente común /
Peter Von Bagh ; traducción: Juanma Ruiz. páginas 20-23. Conversamos con Kaurismäki en el pasado festival de San Sebastián, y de ahí surge una charla que nos aporta datos complementarios y más elementos para acercarnos a su nueva película. Entrevista 2. Aki. Kaurismäki: "Los designos de mi corazón" /
José Enrique Monterde Lozoya, Antonio Santamarina Alcón. páginas 24-25.
El estreno de El Havre (Le Havre), la nueva película de Aki Kaurismäki, nos permite el reencuentro feliz con un universo fílmico que sigue alimentándose de la rica savia nutriente aportada por sus múltiples raíces cinematográficas. La alargada sombra de algunos cineastas decisivos se transparenta de nuevo bajo unas imágenes capaces de releer, en una clave tan cálida y optimista como seca y lacónica, la lacerante situación que las clases desfavorecidas viven y padecen en la Europa contemporánea. Tras la gran acogida que recibió en el Festival de Cannes, Kaurismäki regresa a los cines españoles con lo mejor de su cine y con los mejores acordes de su estilo.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-08
Kaurismäki, Aki 1957-
Cine--España--Revistas
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Critica cinematográfica--Revista--España
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Cine finlandés--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Cine francés--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Cine alemán--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
El havre--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Le Havre--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Cahiers du cinema: España No. 51
El universo que pone en escena El Havre tiene reglas fijas, modos de cortesía y convivencia, e incluso una transparencia formal en su manera de retratar a una comunidad capaz de demostrar que la vida siempre tiene arreglo. De la fábula, el modo característico hasta ahora del cine de Kaurismäki, hemos pasado al cuento
Como algunas otras figuras del cine francés anterior a la
Nouvelle Vague, Jacques Becker resucita en un nombre que se pronuncia en El Havre. Sin embargo, no es la primera vez que habita una película de Aki Kaurismäki. En La vida de bohemia (1992), Jean-Pierre Léaud sostenía un cuadro en sus manos y preguntaba: “¿Quién pintó éste? ¿Becker?”, en lo que constituía una extraña manera de citar Los amantes de Monpartnasse (1958), la penúltima película del cineasta francés. En una entrevista concedida a la revista Dirigido por… en 1990, decía Kaurismäki: “Buñuel, Becker, Bresson y Ozu siguen siendo mis preferidos”. Por otro lado, en Juha (1999), el coche del villano ostenta la marca Sierck, el apellido real de Douglas Sirk, inventor del melodrama moderno, tal como lo concibe el propio Kaurismäki. El Refugio / Carlos Losilla Alcalde. páginas. 8-10. Hablando de Nubes pasajeras (1996), Aki Kaurismäki decía que allí había “un 30% de Ozu, 30% de De Sica, 15% de Sirk, 20% de Hopper y 10% de Capra”: un cóctel expresamente irónico y exagerado (pues la suma no cuadra), pero que resultaría igualmente válido para identificar los componentes de
El Havre a condición de añadirle otros porcentajes similares de Jacques Becker, Marcel Carné, Jean Renoir y Jacques Demy (entre algunos otros), de manera que entonces ya la promiscuidad del mestizaje habría terminado por devorar el resultado si el barman encargado del cóctel no fuera en realidad quien es. Porque estamos ante un singular caso de cineasta-síntesis, pero dotado de una inconfundible e insobornable voz propia, capaz de integrar la diversidad de sus asumidas y confesas influencias sin hacer ostentación, de asimilar sin exhibicionismo alguno estilos y registros precedentes, de citar sin merma de la coherencia interior y sin voluntad alguna de subrayar los guiños para complacer a la parroquia, de fusionar y amalgamar sin enredarse en el empeño, sin recursos ortopédicos y sin derivar hacia el pastiche, de fertilizar la coctelera y de imbricar los diferentes ingredientes sin limitarse a superponer-los unos encima de otros. Emociones de contrabando /
Carlos F. Heredero. páginas 12-14. Le Havre era la imposible y desesperada puerta de salida para Jean, el colonial desertor de Quai des brumes (1938), una de las obras maestras del injustamente tratado y olvidado Marcel Carné. Ahora, los tiempos han cambiado y, en el nuevo film de Aki Kaurismäki, Le Havre se convierte en la clandestina puerta de entrada de uno de tantos jóvenes inmigrantes perseguidores del “sueño de Europa”. Para Marcel Carné y Jacques Prévert esa ciudad portuaria cubierta de brumas, reconstruida por A. Trauner en los estudios parisinos, era la materialización de una desesperanza existencial con final trágico. Para Kaurismäki, en cambio, Le Havre ha inspirado un film mucho más trasparente y colorista, donde la esperanza puede concretarse de diferentes maneras: desde la salvaguardia del joven “clandestino” hasta la optimista solución que vive la esposa del protagonista. Resonancias francesas /
José Enrique Monterde Lozoya. páginas 16-17. Intérprete del mismo personaje (Marcel Marx) en La vida de bohemia y en El Havre, André Wilms es un relevante actor francés de cine y de teatro que conoce bien a Kaurismäki. Reproducimos aquí un extracto del texto que escribió para presentar una de sus películas.
Kaurismäki admira a Nicholas Ray y a Buster Keaton, a Jean Renoir, a Jacques Becker, a Robert Bresson y a Jacques Tati. Sus amigos son Samuel Fuller, Jim Jarmusch, Roberto Begnini y Nanni Moretti. Se apoyan y se distribuyen los unos a los otros. En Helsinki, Kaurismäki es dueño de un cine y de una gran cervecería justo al lado. También ha creado un festival en el que proyecta películas raras en un pueblucho más allá del círculo polar (The Midnight Sun Film Festival). Su manera de rodar es muy particular. No tiene horarios ni plan de trabajo. Filma con una cámara de 35 mm que le regaló Ingmar Bergman, quien consideró que, dentro de los países nórdicos, Kaurismäki era el único hombre digno de sucederle. Rueda rápido, con una única toma, a veces dos. Si alguien farfulla, dice: “En la vida también se farfulla”. Solo pide una cosa, que se respete su texto. Escribe unos diálogos bellísimos, aunque resultan un poco raros cuando los lees. Busca siempre el aspecto “keatoniano”, un poco triste e inadaptado, a disgusto con la sociedad. Es una especie de Fassbinder amable, con los mismos excesos alcohólicos. Me recuerda mucho a Michael Grüber, el director de cine. Emplea metáforas poéticas al hablar, levanta o baja el pulgar según quiera que interpretes más, o menos. “Caballero” y “púdico” son dos de sus palabras preferidas. “Se enseña demasiado”, dice. Retrato de Aki Kaurismäki /
André Wilms ; traducción: Rafael Yáñez. página 18. No siempre se tiene ocasión de conversar con Aki Kaurismäki, creador esquivo y solitario, auténtico maverick del cine contemporáneo. Primero lo entrevista Peter von Bagh, conocedor íntimo de su obra y de su personalidad, sin duda el mayor experto mundial en el estudio de su filmografía. Del encuentro entre ambos nace una entrevista clarificadora y sincera. Entrevista 1. Aki. Kaurismäki: Gente común /
Peter Von Bagh ; traducción: Juanma Ruiz. páginas 20-23. Conversamos con Kaurismäki en el pasado festival de San Sebastián, y de ahí surge una charla que nos aporta datos complementarios y más elementos para acercarnos a su nueva película. Entrevista 2. Aki. Kaurismäki: "Los designos de mi corazón" /
José Enrique Monterde Lozoya, Antonio Santamarina Alcón. páginas 24-25.
El estreno de El Havre (Le Havre), la nueva película de Aki Kaurismäki, nos permite el reencuentro feliz con un universo fílmico que sigue alimentándose de la rica savia nutriente aportada por sus múltiples raíces cinematográficas. La alargada sombra de algunos cineastas decisivos se transparenta de nuevo bajo unas imágenes capaces de releer, en una clave tan cálida y optimista como seca y lacónica, la lacerante situación que las clases desfavorecidas viven y padecen en la Europa contemporánea. Tras la gran acogida que recibió en el Festival de Cannes, Kaurismäki regresa a los cines españoles con lo mejor de su cine y con los mejores acordes de su estilo.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-08
Kaurismäki, Aki 1957-
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Cahiers du cinema: España No. 51


