Griffith, Pudovkin y nosotros /
Zunzunegui Díez, Santos
Griffith, Pudovkin y nosotros / Santos Zunzunegui Díez - Madrid : Caiman Ediciones, 2011 - página 81
Escrito en los meses inmediatamente anteriores al rodaje de la primera parte de Iván El Terrible, entre 1941 y 1942, el largo texto titulado Dickens, Griffith y nosotros es uno de los testimonios fundamentales que nos dejó Serguei M. Eisenstein acerca de su manera de entender los problemas de la filiación cinematográfica. Basta mirar atentamente el mismo título para caer en la cuenta de que nada en el mismo es inocente: los dos primeros nombres aparecen separados por una coma y la relación con el pronombre que agrupa en plural al conjunto de los cineastas soviéticos (Eisenstein se piensa sí mismo como parte de un proyecto común) se realiza mediante una conjunción que es tanto nexo de unión como signo inequívoco de ruptura. Porque, en el fondo, lo que Eisenstein traía a colación en este prolijo artículo era la manera en que las nuevas formas de hacer (nuevas formas para contenidos nuevos) puestas a punto por los cineastas soviéticos nacían de la transformación de otras anteriores que ni siquiera eran específicamente cinematográficas. De esta manera, al prolongar la línea de filiación hasta el territorio de la literatura victoriana, Eisenstein podía proseguir su lucha incansable para sacar al cine del cerrado coto de una especificidad nunca bien definida y hacerlo dialogar así con las grandes artes que le habían precedido.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-08
Cine--España--Revistas
Cine--Madrid--Revistas
Publicaciones Seriadas--España
Publicaciones Seriadas--Madrid
Critica cinematográfica--Revista--España
Critica cinematográfica--Revista--Madrid
Critica cinematográfica--Publicaciones Seriadas--España
Critica cinematográfica--Publicaciones Seriadas--Madrid
Cahiers du cinema: España No. 49
Griffith, Pudovkin y nosotros / Santos Zunzunegui Díez - Madrid : Caiman Ediciones, 2011 - página 81
Escrito en los meses inmediatamente anteriores al rodaje de la primera parte de Iván El Terrible, entre 1941 y 1942, el largo texto titulado Dickens, Griffith y nosotros es uno de los testimonios fundamentales que nos dejó Serguei M. Eisenstein acerca de su manera de entender los problemas de la filiación cinematográfica. Basta mirar atentamente el mismo título para caer en la cuenta de que nada en el mismo es inocente: los dos primeros nombres aparecen separados por una coma y la relación con el pronombre que agrupa en plural al conjunto de los cineastas soviéticos (Eisenstein se piensa sí mismo como parte de un proyecto común) se realiza mediante una conjunción que es tanto nexo de unión como signo inequívoco de ruptura. Porque, en el fondo, lo que Eisenstein traía a colación en este prolijo artículo era la manera en que las nuevas formas de hacer (nuevas formas para contenidos nuevos) puestas a punto por los cineastas soviéticos nacían de la transformación de otras anteriores que ni siquiera eran específicamente cinematográficas. De esta manera, al prolongar la línea de filiación hasta el territorio de la literatura victoriana, Eisenstein podía proseguir su lucha incansable para sacar al cine del cerrado coto de una especificidad nunca bien definida y hacerlo dialogar así con las grandes artes que le habían precedido.
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