GRAN ANGULAR:
GRAN ANGULAR: Cannes 2011
- Madrid : Caiman Ediciones, 2011
- páginas 6-22
Tras la tempestad no llegó la calma, sino la devastación. El año pasado, las urgencias de la crisis enmarcaban algunas de las ficciones más destacadas de Cannes 2010. En abierto contraste, como si las sucesivas ediciones del certamen nos propusieran una radiografía en tiempo real del mundo contemporáneo, Cannes 2011 dejó al descubierto –con insólita dureza y desnudez– que la crisis está dejando a su paso un paisaje desolador, lleno de violencia y explotación sexual, empobrecimiento acelerado, enfermedades mortales, degradación de los cuerpos, pesadillas aterradoras, pederastia criminal, desamparo de los emigrantes, ecos mortuorios y profecías apocalípticas...¿Puede parecer exagerado...? Pues hagamos recuento: el avance inexorable del cáncer centró la hermosa y lírica fábula de Restless, con la que Gus Van Sant inauguraba Una cierta mirada (UCM), la demoledora radiografía escrupulosamente realista propuesta por Andreas Dresen en
Halt auf freier Strecke (disección minuciosa del proceso que conduce a la muerte de un padre de familia y de cómo lo viven su mujer y sus hijos), las vivencias de una pareja ante el descubrimiento de que su hijo recién nacido padece un tumor cerebral (La Guerre est déclarée, de V. Donzelli, en la Semana de la Crítica, SC) y el futuro irremediable de la amiga de la protagonista en Impardonnables, la muy libresca y desvaída nueva realización de André Techiné en la Quincena de los realizadores (QR).
Los abusos sexuales contra la infancia más desvalida y el maltrato criminal de los niños era el tema nuclear de Michael, con la que el austriaco Markus Schleinzer (transparente discípulo de Michael Haneke) propone una arriesgada operación narrativa –saldada con resultados controvertidos y no demasiado estimulantes– consistente en contar la historia desde el punto de vista del secuestrador y violador para intentar explicar cómo funciona el cerebro del monstruo. La pederastia asoma por múltiples rincones de la muy vitalista Polisse, con la que una conocida realiza-dora francesa (Maïwenn, hermana de la cineasta Isild Le Besco) traza un retrato muy complaciente del trabajo cotidiano de la brigada policial de delitos contra la infancia. Y en la pederastia se centra igualmente, aunque de manera tan enfermiza como feísta, la australiana Snowtown, de Justin Kurzel (SC). Cannes 2011: La realidad y sus espejos /
Carlos F. Heredero. páginas 6-9. Si en 2010 coincidieron en Cannes diversos títulos sobre la crisis, este año se ha percibido una obsesión por el fin del mundo. Un acontecimiento que, visto desde los ojos de la protagonista de Melancholia [Von Trier; véase apoyo en pág. 14], no se tiene que entender necesariamente como negativo. En un momento de este film, Kirsten Dunst irrumpe en la librería de su hermana y cambia los libros de arte, abiertos por las páginas de pintura abstracta, por aquéllos que muestran cuadros de Bruegel o de los prerrafaelistas. El danés entronca el melancólico estado de ánimo de la protagonista con toda una tradición artística y cultural que le sirve para poner en imágenes un Apocalipsis de arrebatadora belleza con banda sonora de
Tristán e Isolda (Wagner). Más pueril resulta Terrence Malick en
El árbol de la vida al querer transmitir su visión del princi-pio y el fin del universo que convergen en un mismo holograma representando lo inefable. La primera parte, además de parecer un documental científico sobre producido, pretende funcionar como la versión humanista de 2001, donde un gesto de compasión entre dinosaurios sustituye lo que en el film de Kubrick era un acto de violencia entre simios. La conclusión, mucho peor, se imagina el más allá como un encuentro en la playa con tus seres queridos... Algunas líneas temáticas: Desamparo y el fin del mundo / Eulàlia Iglesias. páginas 10-12. El cine latinoamericano presente en Cannes conformaba este año una rica paleta de diversa procedencia y diferente naturaleza. Aunque siempre inscrita en el nebuloso ámbito del cine de autor, la pluralidad de sus propuestas es reflejo de la heterogeneidad de las diversas tendencias que se dan en el cine actual a nivel mundial. Entre los ocho títulos vistos podemos encontrar desde cine de género (a medio camino entre lo convencional y la mirada personal), hasta los proyectos más arriesgados del cine independiente, pasando por el documental de creación; desde el discurso que se reivindica como puro juego de ficción, hasta el que propone el registro más o menos directo de la realidad, ya sea a partir de propuestas minimalistas o desde territorios híbridos como la ficción documental. Eso sí, todos ellos muy lejos tanto de las visiones cósmicas de un Terrence Malick o un Lars Von Trier como del espiritualismo de cierto cine asiático.Entre las películas más pegadas a la realidad, despojadas de todo artificio y centradas en universos de lo cotidiano, están la argentina Las Acacias y la colombiana Porfrio, ambas en coproducción con España. La primera, ópera prima del montador Pablo Giorgelli, ganadora de la Cámara de Oro, se sitúa en la órbita del nuevo cine argentino. Esta road movie minimalista, protagonizada por un hosco
driver que parece sacado de un film de Lisandro Alonso y una emigrante paraguaya, se mueve en el terreno del laconismo emocional. Latinoamérica en la Croisette: Una mirada plural / Joana Hurtado. páginas 14-16. Arrancarle la hojarasca a las historias, compendiar en símbolos o esencias sus personajes, acercarse más y mejor a los hombres y al mundo desde las certezas de las formas que desde las incertidumbres de los relatos. Algunos grandes autores de Cannes 2011 definitivamente han decidido “vaciar” sus películas. Todos ellos son más que identificables por sus poéticas: Terrence Malick (El árbol de la vida), Lars Von Trier (Melancholia), Woody Allen (Midnight in Paris), Gus Van Sant (Restless), Bertrand Bonello (L’Apollonide), Alain Cavalier (Pater), Naomi Kawase (Hanezu), Jafar Panahi (This is Not a Film), Nanni Moretti (Habemus Papam), Nuri Bilge Ceylan (Once Upon a Time in Anatolia)… Películas de tesis casi todas ellas, que inician su recorrido desde el planteamiento de una hipótesis, desde la búsqueda de un destino o desde la mera ocurrencia. A vueltas con el relato: El vació fértil / Carlos Reviriego. páginas 17-19. En un año dominado por los autores más reconocidos, parecía difícil identificar cuáles podrían ser las grandes esperanzas de futuros Cannes. En su sección oficial a competición, el festival juega de forma muy clara sus apuestas, a veces con constancia a través de los años (los casos de Paolo Sorrentino o Kornel Mundruczó). Pese a que no pueda hablarse de grandes revelaciones en Cannes 2011, quién sabe si en próximas ediciones no acabemos encontrándonos de nuevo con las siguientes películas de Julia Leigh, Maïwenn o Markus Schleinzer, pese a que su paso por esta edición del festival haya estado muy lejos de ser recibido con unanimidad. Más indiscutible es el caso de Nicolas Winding Refn, que tras el éxito de Drive [véase apoyo en pág. 22] parece ya “carne de Cannes”. Y eso que se trata de su octavo largometraje, pero el certamen querrá rentabilizar en el futuro el premio al mejor director, y un tipo de cine, el de género, que el festival necesita, nunca mejor dicho, como agua de mayo (y de paso le estaría “robando” a Venecia uno de sus autores). En busca del futuro: ¿Algo nuevo bajo el sol? / Jaime Pena. páginas 20-22.
Una película conmocionó y polarizó las más encarnizadas discusiones en Cannes 2011: El árbol de la vida, controvertida Palma de Oro en un festival bajo cuyos cimientos resonaba, con imperiosa y sobrevenida urgencia, la realidad más hiriente de un mundo contemporáneo agitado y convulso.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-08
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Cahiers du cinema: España No. 46
Tras la tempestad no llegó la calma, sino la devastación. El año pasado, las urgencias de la crisis enmarcaban algunas de las ficciones más destacadas de Cannes 2010. En abierto contraste, como si las sucesivas ediciones del certamen nos propusieran una radiografía en tiempo real del mundo contemporáneo, Cannes 2011 dejó al descubierto –con insólita dureza y desnudez– que la crisis está dejando a su paso un paisaje desolador, lleno de violencia y explotación sexual, empobrecimiento acelerado, enfermedades mortales, degradación de los cuerpos, pesadillas aterradoras, pederastia criminal, desamparo de los emigrantes, ecos mortuorios y profecías apocalípticas...¿Puede parecer exagerado...? Pues hagamos recuento: el avance inexorable del cáncer centró la hermosa y lírica fábula de Restless, con la que Gus Van Sant inauguraba Una cierta mirada (UCM), la demoledora radiografía escrupulosamente realista propuesta por Andreas Dresen en
Halt auf freier Strecke (disección minuciosa del proceso que conduce a la muerte de un padre de familia y de cómo lo viven su mujer y sus hijos), las vivencias de una pareja ante el descubrimiento de que su hijo recién nacido padece un tumor cerebral (La Guerre est déclarée, de V. Donzelli, en la Semana de la Crítica, SC) y el futuro irremediable de la amiga de la protagonista en Impardonnables, la muy libresca y desvaída nueva realización de André Techiné en la Quincena de los realizadores (QR).
Los abusos sexuales contra la infancia más desvalida y el maltrato criminal de los niños era el tema nuclear de Michael, con la que el austriaco Markus Schleinzer (transparente discípulo de Michael Haneke) propone una arriesgada operación narrativa –saldada con resultados controvertidos y no demasiado estimulantes– consistente en contar la historia desde el punto de vista del secuestrador y violador para intentar explicar cómo funciona el cerebro del monstruo. La pederastia asoma por múltiples rincones de la muy vitalista Polisse, con la que una conocida realiza-dora francesa (Maïwenn, hermana de la cineasta Isild Le Besco) traza un retrato muy complaciente del trabajo cotidiano de la brigada policial de delitos contra la infancia. Y en la pederastia se centra igualmente, aunque de manera tan enfermiza como feísta, la australiana Snowtown, de Justin Kurzel (SC). Cannes 2011: La realidad y sus espejos /
Carlos F. Heredero. páginas 6-9. Si en 2010 coincidieron en Cannes diversos títulos sobre la crisis, este año se ha percibido una obsesión por el fin del mundo. Un acontecimiento que, visto desde los ojos de la protagonista de Melancholia [Von Trier; véase apoyo en pág. 14], no se tiene que entender necesariamente como negativo. En un momento de este film, Kirsten Dunst irrumpe en la librería de su hermana y cambia los libros de arte, abiertos por las páginas de pintura abstracta, por aquéllos que muestran cuadros de Bruegel o de los prerrafaelistas. El danés entronca el melancólico estado de ánimo de la protagonista con toda una tradición artística y cultural que le sirve para poner en imágenes un Apocalipsis de arrebatadora belleza con banda sonora de
Tristán e Isolda (Wagner). Más pueril resulta Terrence Malick en
El árbol de la vida al querer transmitir su visión del princi-pio y el fin del universo que convergen en un mismo holograma representando lo inefable. La primera parte, además de parecer un documental científico sobre producido, pretende funcionar como la versión humanista de 2001, donde un gesto de compasión entre dinosaurios sustituye lo que en el film de Kubrick era un acto de violencia entre simios. La conclusión, mucho peor, se imagina el más allá como un encuentro en la playa con tus seres queridos... Algunas líneas temáticas: Desamparo y el fin del mundo / Eulàlia Iglesias. páginas 10-12. El cine latinoamericano presente en Cannes conformaba este año una rica paleta de diversa procedencia y diferente naturaleza. Aunque siempre inscrita en el nebuloso ámbito del cine de autor, la pluralidad de sus propuestas es reflejo de la heterogeneidad de las diversas tendencias que se dan en el cine actual a nivel mundial. Entre los ocho títulos vistos podemos encontrar desde cine de género (a medio camino entre lo convencional y la mirada personal), hasta los proyectos más arriesgados del cine independiente, pasando por el documental de creación; desde el discurso que se reivindica como puro juego de ficción, hasta el que propone el registro más o menos directo de la realidad, ya sea a partir de propuestas minimalistas o desde territorios híbridos como la ficción documental. Eso sí, todos ellos muy lejos tanto de las visiones cósmicas de un Terrence Malick o un Lars Von Trier como del espiritualismo de cierto cine asiático.Entre las películas más pegadas a la realidad, despojadas de todo artificio y centradas en universos de lo cotidiano, están la argentina Las Acacias y la colombiana Porfrio, ambas en coproducción con España. La primera, ópera prima del montador Pablo Giorgelli, ganadora de la Cámara de Oro, se sitúa en la órbita del nuevo cine argentino. Esta road movie minimalista, protagonizada por un hosco
driver que parece sacado de un film de Lisandro Alonso y una emigrante paraguaya, se mueve en el terreno del laconismo emocional. Latinoamérica en la Croisette: Una mirada plural / Joana Hurtado. páginas 14-16. Arrancarle la hojarasca a las historias, compendiar en símbolos o esencias sus personajes, acercarse más y mejor a los hombres y al mundo desde las certezas de las formas que desde las incertidumbres de los relatos. Algunos grandes autores de Cannes 2011 definitivamente han decidido “vaciar” sus películas. Todos ellos son más que identificables por sus poéticas: Terrence Malick (El árbol de la vida), Lars Von Trier (Melancholia), Woody Allen (Midnight in Paris), Gus Van Sant (Restless), Bertrand Bonello (L’Apollonide), Alain Cavalier (Pater), Naomi Kawase (Hanezu), Jafar Panahi (This is Not a Film), Nanni Moretti (Habemus Papam), Nuri Bilge Ceylan (Once Upon a Time in Anatolia)… Películas de tesis casi todas ellas, que inician su recorrido desde el planteamiento de una hipótesis, desde la búsqueda de un destino o desde la mera ocurrencia. A vueltas con el relato: El vació fértil / Carlos Reviriego. páginas 17-19. En un año dominado por los autores más reconocidos, parecía difícil identificar cuáles podrían ser las grandes esperanzas de futuros Cannes. En su sección oficial a competición, el festival juega de forma muy clara sus apuestas, a veces con constancia a través de los años (los casos de Paolo Sorrentino o Kornel Mundruczó). Pese a que no pueda hablarse de grandes revelaciones en Cannes 2011, quién sabe si en próximas ediciones no acabemos encontrándonos de nuevo con las siguientes películas de Julia Leigh, Maïwenn o Markus Schleinzer, pese a que su paso por esta edición del festival haya estado muy lejos de ser recibido con unanimidad. Más indiscutible es el caso de Nicolas Winding Refn, que tras el éxito de Drive [véase apoyo en pág. 22] parece ya “carne de Cannes”. Y eso que se trata de su octavo largometraje, pero el certamen querrá rentabilizar en el futuro el premio al mejor director, y un tipo de cine, el de género, que el festival necesita, nunca mejor dicho, como agua de mayo (y de paso le estaría “robando” a Venecia uno de sus autores). En busca del futuro: ¿Algo nuevo bajo el sol? / Jaime Pena. páginas 20-22.
Una película conmocionó y polarizó las más encarnizadas discusiones en Cannes 2011: El árbol de la vida, controvertida Palma de Oro en un festival bajo cuyos cimientos resonaba, con imperiosa y sobrevenida urgencia, la realidad más hiriente de un mundo contemporáneo agitado y convulso.
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-08
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