Memoria Cahiers:
Duras, Marguerite
Memoria Cahiers: La noche del cazador / Marguerite Duras - Madrid : Caiman Ediciones, 2011 - páginas 64-67
Cahiers du Cinema recupera un texto de Marguerite Duras sobre este film en el contexto del homenaje que realiza a los Hermanos Coen ante el estreno de Valor de Ley, en cuyo final se escucha la canción que cantan el reverendo Harry Powell y la anciana Rachel Cooper, un espiritual negro, Leaning on the Everlasting Arms, y la función dramática que jugaba en el film de Laughton . La escritora identifica al padre biológico y su aparente sustituto, y no consigue ver al padre vivo; no ve la vida creada, sino la muerte creada.
Es ahora cuando para Marguerite Durás empieza La noche del cazador, la verdadera película, que sólo dura diez minutos; antes de llegar a este momento los personajes son prototipos del bestiario cinematográfico norteamericano, en el que no está presente la persona, ni el autor, y se instala en el espectador la creencia de que nada inesperado va a suceder. Pero al llegar la noche, el fin de la persecución, los personajes se reúnen en torno a la buena y severa, loca y eficaz anciana, en un lugar de confluencia entre la casa, el jardín que la rodea y la carretera que pasa por allí, y se produce un hecho insólito: un comportamiento inventado por la anciana y retomado por el criminal, y según Durás ya no sabemos qué pasa ni donde estamos; los niños encerrados con la anciana, como el dinero en la muñeca, en una casa sólida con grandes aberturas, por las que se ve al criminal y se es visto por él. Un criminal de cine, guapo y risueño, con su caballo negro frente a los cuerpos expuestos de los niños, pero al que ya ha empezado a alcanzar la muerte que quiere producir. El canto de la anciana se convierte en una muralla infranqueable para el crimen, que en principio canta por él, para que sepa que está ahí y mantenerle a distancia, y después para que el crimen se aleje del espacio de los niños, que el crimen se distraiga, se olvide de matar y alivie al criminal de su insana carga.
Al final, en una noche que se convierte en iniciática, los niños reencuentran al padre en el criminal, como si no lo hubieran conocido hasta entonces. Ese padre que ha creado al mismo tiempo vida y muerte, lo que produce la confusión entre el progenitor verdadero y falso, que va a morir de tanto querer matarlos. Sorprendentemente los niños, arrastrados por el amor corren hacia el padre, se le ofrecen, rompen la muñeca de trapo y le dan el dinero, y no es posible explicar esta sinrazón de los niños. Este final desorientó al público e hizo que la película no funcionase en taquilla. Es curioso, veo el final de La noche del cazador como veo el final de Ordet. Cuando, con el amanecer o la noche que viene, el loco llega con el niño y le habla de la eternidad, oigo el canto de La noche del cazador» (Marguerite Duras)
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-07
Laughton, Charles 1899-1962
Coen, Ethan 1957-
Coen, Joel 1954-
Cine--España--Revistas
Cine--Madrid--Revistas
Publicaciones Seriadas--España
Publicaciones Seriadas--Madrid
Critica cinematográfica--Revista--España
Critica cinematográfica--Revista--Madrid
Critica cinematográfica--Publicaciones Seriadas--España
Critica cinematográfica--Publicaciones Seriadas--Madrid
Valor de Ley--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
True Grit--Película cinematográfica
La noche del cazador--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
The Night of the Hunter--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Cahiers du cinema: España No. 42
Memoria Cahiers: La noche del cazador / Marguerite Duras - Madrid : Caiman Ediciones, 2011 - páginas 64-67
Cahiers du Cinema recupera un texto de Marguerite Duras sobre este film en el contexto del homenaje que realiza a los Hermanos Coen ante el estreno de Valor de Ley, en cuyo final se escucha la canción que cantan el reverendo Harry Powell y la anciana Rachel Cooper, un espiritual negro, Leaning on the Everlasting Arms, y la función dramática que jugaba en el film de Laughton . La escritora identifica al padre biológico y su aparente sustituto, y no consigue ver al padre vivo; no ve la vida creada, sino la muerte creada.
Es ahora cuando para Marguerite Durás empieza La noche del cazador, la verdadera película, que sólo dura diez minutos; antes de llegar a este momento los personajes son prototipos del bestiario cinematográfico norteamericano, en el que no está presente la persona, ni el autor, y se instala en el espectador la creencia de que nada inesperado va a suceder. Pero al llegar la noche, el fin de la persecución, los personajes se reúnen en torno a la buena y severa, loca y eficaz anciana, en un lugar de confluencia entre la casa, el jardín que la rodea y la carretera que pasa por allí, y se produce un hecho insólito: un comportamiento inventado por la anciana y retomado por el criminal, y según Durás ya no sabemos qué pasa ni donde estamos; los niños encerrados con la anciana, como el dinero en la muñeca, en una casa sólida con grandes aberturas, por las que se ve al criminal y se es visto por él. Un criminal de cine, guapo y risueño, con su caballo negro frente a los cuerpos expuestos de los niños, pero al que ya ha empezado a alcanzar la muerte que quiere producir. El canto de la anciana se convierte en una muralla infranqueable para el crimen, que en principio canta por él, para que sepa que está ahí y mantenerle a distancia, y después para que el crimen se aleje del espacio de los niños, que el crimen se distraiga, se olvide de matar y alivie al criminal de su insana carga.
Al final, en una noche que se convierte en iniciática, los niños reencuentran al padre en el criminal, como si no lo hubieran conocido hasta entonces. Ese padre que ha creado al mismo tiempo vida y muerte, lo que produce la confusión entre el progenitor verdadero y falso, que va a morir de tanto querer matarlos. Sorprendentemente los niños, arrastrados por el amor corren hacia el padre, se le ofrecen, rompen la muñeca de trapo y le dan el dinero, y no es posible explicar esta sinrazón de los niños. Este final desorientó al público e hizo que la película no funcionase en taquilla. Es curioso, veo el final de La noche del cazador como veo el final de Ordet. Cuando, con el amanecer o la noche que viene, el loco llega con el niño y le habla de la eternidad, oigo el canto de La noche del cazador» (Marguerite Duras)
Texto en español
1887-7494
jamgz2017-07
Laughton, Charles 1899-1962
Coen, Ethan 1957-
Coen, Joel 1954-
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Valor de Ley--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
True Grit--Película cinematográfica
La noche del cazador--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
The Night of the Hunter--Película cinematográfica--Crítica e interpretación
Cahiers du cinema: España No. 42


