Dossier: Territorio documental
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ArtículoIdioma: Español Analíticas: Mostrar analíticasDetalles de publicación: México: Cineteca Nacional, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA, 2013Descripción: páginas 25-35ISSN: - 2007-3895
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En: Icónica No. 6 (otoño, 2013)Resumen: El cine documental ya no puede ser visto como un género impoluto ni (hasta cierto punto) marginal de la producción cinematográfica, una especie –como lo expresó alguna vez el documentalista chileno Patricio Guzmán– de «música de cámara» para públicos iniciados.
Por el contrario, hoy, su estética y principios formales han traspasado su región cinematográfica y se insertan en áreas muy distintas de la imagen en movimiento, de las artes visuales al reality show o la pornografía. Su presencia inunda las programaciones de festivales antes exclusivamente dedicados a la ficción, y por si fuera poco, cada vez hay más espacios y encuentros exclusivamente dedicados a su exhibición y difusión.
Sin embargo, y a pesar del auge y, habrá que admitirlo, la moda que por estos años rodea al cine documental y sus derivados, su análisis serio permanece en un segundo plano, detrás de todas las fanfarrias que festejan, por ejemplo, su “pertinencia” en campos tan disímbolos como la política, la historia y el ambientalismo.
Si bien en nuestros días el documental (o al menos ese cine construido sobre lo real que da forma al concepto de documental) también se ubica en el centro de la vanguardia audiovisual y sus áreas de experimentación, éste ha cambiado mucho desde sus orígenes. Sus límites, como los de otras disciplinas, se han vuelto porosos y, como nunca antes, sus intereses se extienden a territorios que tienen más que ver con la imaginación y la interpretación consciente y experimental del mundo.
Ideas y dudas para discutir el cine documental, conversación
electrónica entre Josetxo Cerdán, Abel Cervantes,
Abel Muñoz Hénonin y Antonio Zirión. páginas 27-29. Habrá que contar que ante el fracaso de nuestra convocatoria para escribir un texto introductorio a este dossier decidimos escribir un e-mail a algunos especialistas de México y España y pedirles ayuda. El resultado es esta discusión llevada a cabo entre el 5 de septiembre y el 1° de octubre.
Reflexiones en torno a los otros radicales en el cine documental /
Gustavo E. Ramírez Carrasco. páginas 30-35. En gran medida, el cine documental se trata de posar una mirada sobre el otro. El ejercicio es más o menos sesgado: la mirada siempre se coloca desde una posición cultural y física distinta del lugar donde está quien es observado.
Entre la cámara de video que monto en un sencillo tripié para
registrar sus acciones y ella, que a veces me mira de reojo con
nerviosismo evidente mientras la grabo por primera vez durante
casi media hora –«¡No mire a la cámara!», pienso, sin atreverme a decírselo para no disipar así el circuito de “confianza”, el pretendido rapport que en los últimos días he establecido vagamente con ella–, se abre un abismo de símbolos y concepciones que convierte a ese registro en mucho más que una recolección momentánea de gestos, miradas y acciones cotidianas para un ejercicio en video. En esa pequeña casa de madera y bloques de hormigón, a cientos de kilómetros del núcleo urbano grande más cercano, y con un calor de los mil demonios irradiando desde las ventanas y colándose desde el techo por los hoyitos de luz ahumada que quiebran la penumbra evanescente, grabo lo que considero será un documento audiovisual sobre la vida cotidiana de los habitantes de un pequeño poblado totonaca en la sierra. Pero en realidad –si es que el rastro de la realidad puede identificarse entre la inmensidad de las construcciones simbólicas que involucran nuestro encuentro– ¿quién observa a quién con mayor autoridad o claridad intelectual?, ¿yo, el “antropólogo”, recolector de datos etnográficos; “documentalista” que esa tarde extrae la imagen de ella mientras se sienta frente a su vieja televisión para almacenarla en un Mini-DV que luego revisaré y editaré lejos de allí, o ella, que en su propia casa, observa, asume y significa mi presencia intrusa? En el fin de todo, como una certeza casi perceptible, una curiosidad mutua, sembrada de abismos de toda clase, parece delinearse como una vereda entre nosotros.
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